DIVERSIDAD SEXUAL, SEGURIDAD PÚBLICA Y CIUDADANÍA. Por: Soc. Luis Berdeja

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¿Qué significa ser ciudadano de primera categoría? ¿Qué significa tener derecho a la ciudad? ¿Se puede manifestar afecto sin ser señalado? ¿Se puede vivir sin ser estigmatizado? Son muchas las preguntas que puedo reflexionar por lo que sucedió en Aguascalientes el mes pasado, para contextualizar,  un par de mujeres fueron retiradas por elementos de Seguridad Pública Municipal de un centro comercial solo por expresar afecto como cualquier pareja, sin embargo, podemos mencionar que hubo un juicio, donde no había delito que perseguir pero  si existía una sentencia y fue el rechazo a expresar sus sentimientos libremente y la impotencia de enfrentarse a un fenómeno, la violencia sistemática y estructural por vivir una sexualidad diferente a la heterosexual.

La investigadora Mariana Celorio (2017) para comprender este tipo de violencia que viven las personas LGBTTTIPQ, señala que se deben de comprender tres conceptos: primero violencia biopolítica, segundo ciudadanía precaria y tercero exclusión social, señalando que los dos últimos son expresiones cotidianas de la violencia biopolítica que va a enfrentar este sector de la población y de las cuales se deriva la negación de derechos, la vulnerabilidad, la invisibilidad institucionalizada y el ocultamiento y discreción.

Asimismo, vale la pena preguntarse, ¿Qué significa hablar de violencia biopolítica hacia la población LGBTTTIPQ? ¿Qué referencia tiene este concepto con la violencia estructural e institucionalizada? Podemos reflexionar sobre estas preguntas, sin embargo, partiremos señalando que la violencia es una relación de poder, donde existe claramente una relación desigual, esta puede ser simbólica, física, cultural o social. También podemos señalar que es una acción consciente, razonada e intencional de un sujeto o una institución que por acción u omisión daña a una persona o grupo de personas.  Toda violencia es intencionada.

Ahora bien, partiendo del caso de discriminación que se comentó arriba podemos señalar lo siguiente, es claro que el estado a través de los años ha generado condiciones de discriminación constante  contra las personas que no son heterosexuales, donde se ha permitido una serie de violencias que va desde lo institucional, físico, psicológico, social, educativo, cultural, incluso hasta simbólicas,  de ahí es que podemos entender lo que Foucault menciona como violencia biopolítica que se va expresar en la precarización de la ciudadanía, la negación de derechos y por supuesto, la homo-les-bi-transfobia, es decir, la violencia es una forma de administrar a la población y gestionar sus derechos desde una perspectiva heterosexual de sanción a lo no heterosexual (CELORIO, 2017).

La violencia que vive la población LGBTTTIPQ, -como lo que vivieron estas mujeres- es una violencia biopolítica que proviene de este imaginario heteronormado que impone la idea de la heterosexualidad como régimen político, donde establece subjetivamente, socialmente y estructuralmente el valor de que todo lo heterosexual es bueno y todo lo no heterosexual es malo, es decir, se convierte en un sistema disciplinario.

Un sistema que se reproduce en distintos elementos, por ejemplo: los oficiales de Seguridad Pública que realizaron este acto de discriminación, ignoraron por completo las leyes que dicen resguardar, respetar, aplicar y defender, por ejemplo:

Los policías violaron:

  1. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Art. 1, donde menciona que en México queda prohibida la discriminación, incluida por supuesto por género y preferencias sexuales.

 

  1. Código Penal del Estado de Aguascalientes. Art. 192, menciona que en la ciudad de Ags, queda prohibido todo tipo de discriminación también incluye por género y orientación sexual.

 

  1. Código Nacional de Procedimientos Penales. Art. 132. Obligaciones del Policía, donde menciona: el policía actuara en estricto apego a los principios de legalidad, objetividad, eficiencia, profesionalismo, honradez y respeto a los derechos humanos reconocidos por la Constitución.

A pesar de existir estas leyes aún se percibe una ciudadanía precaria, que es la dificultad de acceder a la justicia y a la protección que las leyes confieren. Durand (2009) menciona que todas las personas que nacen en el mismo estado tienen los mismos derechos y son iguales; sin embargo, la realidad nos señala que muchos sectores de la población no tienen el mismo acceso a leyes ni disfrutan como tal de un estado de derecho, no hay acceso a los servicios básicos, ni al reconocimiento de la ciudadanía como en el caso de las personas trans. Vivir en desigualdad es vivir en ciudadanía precaria.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

DURAND. P. “Ciudadanía precaria y desigualdad social. ¿Estado de excepción permanente? México siglo XXI. 2010

CELORIO. M. “Violencia biopolítica contra poblaciones de la diversidad sexual: homofobia, derechos humanos y ciudadanía precaria” Revista el cotidiano. 2017

CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS

CÓDIGO PENAL DEL ESTADO DE AGUASCALIENTES

CÓDIGO NACIONAL DE PROCEDIMIENTOS PENALES.

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Me siguen dando asco los jotos…..

“And I say follow me follow me follow me down, down, down, down,
‘Til you see all my dreams”

-Nelly Furtado.

 

 

 

Supongo que decidí ser sociólogo por varios motivos, pero uno de los más fuertes fue que me gusta imaginar que piensa, como es su familia, como son y  a donde se dirige la gente que al igual que yo usa el transporte público.

El día de hoy mientras regresaba a casa, transborde el camión y me di cuenta que había dos chicos homosexuales manifestando afecto, como cualquier pareja que comparten su asiento, esto me da una enorme satisfacción, porque simboliza que vamos avanzando;  sin embargo, una señora, que se encontraba a lado mio, menciono que a ella “aún no se le quitaba el asco a los jotos”.  El comentario me hizo reflexionar sobre los alcances de la discriminación y sobre todo que significa tener asco, es decir, ¿Por qué nos podría dar asco una persona, es más, la característica de una persona?

Rocío Silva, antropóloga, menciona que el asco es una forma de construir la otredad. además, señala que existe una frontera entre lo que aceptamos y lo que nos da asco, es decir, una división entre “nosotros” y los “otros”. La antropóloga genera el concepto de basurización simbólica, siendo esta una forma de organizar al “otro” como elemento sobrante, esta se alimenta de la ignorancia, de los prejuicios, y el estigma.

Ahora bien, me nace preguntarme, ¿por qué me da asco lo que -se supone- se respeta?, el asco no solo es una reacción biológica, sino también una construcción sociocultural.

Desde la Antropología, la Sociología y la Psicología, vamos a comprender que lo que nos da asco es desde nuestra concepción de la realidad, la moral, la salud, la corporalidad, la estética, etc; es decir, también depende de nuestra cultura.

La homofobia es un tipo frecuente de discriminación en Ags, esta va desde lo institucional hasta los crímenes de odio. El filósofo Jesús Rodríguez Zepeda, señala en su texto “Las otras desigualdades”, que la discriminación son prejuicios y opiniones transmitidas y afianzadas por la familia, la escuela, las asociaciones y comunidades, las normas legales, los diseños institucionales, los medios de comunicación, hasta las políticas públicas.

Además señala que la discriminación se encuentra en lo social, en lo cultural, como un elemento constitutivo de cada uno de nosotros y nosotras. por lo tanto, me atrevería a concluir que la homofobia se transmite, es odio irracional, pero también es asco; sin embargo, en la actualidad no es correcto odiar por una serie de constructos morales, religiosos y políticos,  y como menciona Martha Lamas, el asco es el sentimiento que se manifiesta más frecuente.

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Ay, nanita! Asesinos seriales en México Solidario A.C.

21 de Febrero, 2019.

Presentamos la ponencia “Me gusta  escucharlos gritar” Asesinos Seriales; de acuerdo con el presidente de la asociación con esta presentación se comenzó con una serie de intervenciones, charlas, foros, y conferencias en México Solidario A.C.

En el centro de la ciudad de Aguascalientes alrededor  de 30 personas se dieron cita a las 17:00 hrs para escuchar la conferencia programada de asesinos seriales.
La ponencia tiene como objetivo brindar un panorama teórico para comprender estas identidades, además de analizar desde la Antropología y Sociología como se construyen los actos violentos  y por supuesto los perfiles criminales.

Durante casi 2 horas se trato de no hablar de personajes como estamos acostumbrados, sino de aspectos teóricos que nos demuestra como  se puede construir un asesino, y sobre todo preguntarnos ¿Qué diferencia existe entre un asesino y nosotros/as?

 

“Aprendiendo a existir con mi cuerpo”. Una niña descubriéndose gorda, en un mundo extraño. PARTE UNO.

Texto de Jhandery Paola Cerna Gutiérrez

Esta historia tiene uno de sus comienzos, un sábado por la tarde, en el año 2000. Menciono que es uno de sus comienzos, porque es una de esas historias que tienen muchos, pues mi cuerpo ha adquirido diferentes resignificaciones, provocadas por la edad, las experiencias y las personas a mí alrededor. En mi mente he dejado de ser gorda muchas veces, otras tantas la gordura ha estado más presente que nunca. Pero este fue uno de los primeros momentos en que esa niña de 6 años, se dio cuenta, de su cuerpo y de cómo éste la posicionaba ante los demás, y ante sí misma.

Me gustaría decir, que esa pequeñita estaba equivocada respecto a lo que creyó comprender esa tarde, sobre cómo la trataría el mundo y sobre cómo una guerra en su interior estaba a punto de iniciarse, sin dejarla en paz durante…quién sabe cuánto tiempo, han pasado 17 años, y aún no termina.

Ese sábado fue uno de los primeros fines de semana en que estuve con mi papá. Mi mamá tenía poco tiempo de haberse casado con él, por lo que por fin habíamos podido irnos a vivir juntos, dejando la casa de mis abuelos y todo lo que conocía en ella; desde la comprensión y el cariño de ellos -que eran mis segundos padres, y para mí en ese entonces “los primeros”- hasta la compañía constante de mis tíos, que yo consideraba mis hermanos.

La situación en esta “nueva” familia, era muy distinta a la anterior: la forma de relacionarse, los regaños, los castigos, la forma de hablar, de pensar, de ver el mundo. Yo vivía todos los días estos cambios, trataba de adaptarme y de ser una más con ellos, pero siempre sentí que era excluída, y que ese no era mi lugar. Todos los días trataba de imaginar cómo estaría en ese momento, si aún estuviera con mis abuelos, en su casa, mi casa.

En esta nueva casa, que tuve que hacer mía aunque me costara tanto trabajo, estábamos mi mamá, mi papá, mi medio hermano, 2 años mayor que yo, y mi abuela paterna. Yo no estaba cercana a ninguno de ellos, y aunque mi mamá había estado conmigo toda la vida, lo cierto es que recuerdo nuestra relación de una forma muy vaga, casi como si no hubiera existido una por 5 años, casi 6.

El sentimiento que esto me provocaba era el de un abandono y soledad inmensos. Me sentía en un lugar extraño, con un padre, un hermano y una abuela que también consideraba desconocidos, pues antes de la boda, me relacionaba muy poco con ellos y no existía ningún tipo de confianza entre nosotros. De la mano tuve que enfrentarme a este nuevo mundo que se me presentó en forma de escuela primaria, de vecinos y de familiares “nuevos”.

Salir de casa de mis abuelos vino de la mano de crecer, de salir de una zona de confort y de olvidar todo lo que creí saber del mundo, que se me había presentado como un lugar cálido, feliz y seguro. Fue toparme de frente a esas ilusiones infantiles que me prometían que el amor nunca me abandonaría y que todo lo que viniera sería maravilloso, y darme cuenta que de pronto, estaba sola, como creí nunca estarlo. Muchas noches en mi nueva cama, recién llegada a esta nueva realidad, lloraba en la oscuridad, mi mamá años después me confesaría que me escuchaba en la habitación conjunta, sin embargo, nunca fue a consolarme, mi padre se lo impedía, pues “tenía que acostumbrarme”, decía. De pronto mi madre también me parecía lejana y fría, comprendía que había dejado de contar con ella.

Pero esa tarde de sábado en particular, estábamos en la tienda en la que trabajaba mi padre, ubicada lejos de la casa donde vivíamos, por lo que aún no conocía a nadie alrededor. Por lo demás siempre fui una niña muy tímida, me costaba hablar con las personas, no me gustaba llamar la atención. En general, me sentía bastante incómoda ante gente que no conocía o ante quien no tenía confianza.

Pero ese día, estaba muy contenta, había salido con mi mamá, solas ella y yo, por primera vez en mucho tiempo. Me había puesto un overol color piel, que era nuevo y me gustaba muchísimo, y abajo, una camiseta roja. Recuerdo que casi para salir del taxi en que íbamos, de regreso al negocio de mi padre, me miré al espejo y pensé, con una sonrisa: ¡Qué bonita me veo! En verdad, eso pensaba, me sentía tan bonita, todo lo que veía en mí ese día me parecía especial y brillante y HERMOSO, una palabra que era extraño escucharme pronunciar en mi cabeza, pues cuando era niña siempre me sentía insegura.

Aún ahora me cuesta reconocer un motivo específico para ello, pero todo el tiempo estaba nerviosa y asustada ante los demás, caminaba con la cabeza agachada, no podía hablar frente a otros y muchos recreos, estuve sola, observando a mis compañeros jugar, sin poder reunir valor para acercarme. Siendo una niña tan pequeña, nunca me cuestioné estos sentimientos, hasta que me mude con mi padre, que todo el tiempo dirigía adjetivos despectivos hacía mi por mi timidez y otras características de mi personalidad, llamándome ranchera, penosa, chiquiada, ridícula y demás; la verdad es que sus palabras me lastimaban mucho y hacían que odiara todo lo que yo era y creía no poder cambiar. Si bien yo aún no tenía problemas en la percepción de mi cuerpo y mi físico, si los tenía en la idea de mí como persona, considerándome una niña tonta, extraña y sin amigos, llamarme a mí misma hermosa, era algo que no me permitía seguido.

Al bajar de ese taxi aún tenía una gran sonrisa y no dejaba de mirarme en el espejo: veía mi cabello, con su fleco en la frente, mi piel blanca, mis ojos, que me parecían particularmente grandes en ese momento, y mi overol, ese overol tan bonito.

Como lo mencioné anteriormente, nunca me había preocupado mucho por mi cuerpo, sabía que no era delgada, eso era obvio, pero no veía ningún problema en eso, no odiaba particularmente mi estómago, ni mis piernas o mi cara, había gordos y flacos, pero ¿qué importaba?.

Con el ánimo más arriba de lo usual, escuché que mi medio hermano decía que iría a jugar con unos vecinos en la calle de al lado, me preguntó si me interesaba ir. La verdad no los conocía mucho, los había visto claro, sabía que era un grupo grande de niños y niñas, algunos mayores a mí.

Con algo de nervios, pero muy contenta, le respondí que sí, y fuimos los dos hacia esa calle, donde todas las tardes se escuchaban risas, pelotas, cantos y mucha alegría. Estaba emocionada, de conocer amigos nuevos, por fin.

Llegamos y él se fue con los niños, yo me quedé junto a las niñas que me invitaron a bailar una canción en el jardín de la casa de una de ellas. Yo estaba riendo mucho y me sentía una más del grupo. Para mí era una especie de honor el ser “aceptada” entre ellas, pues me parecían tan altas, tan bonitas y tan divertidas. Estar ahí con ellas significaba que yo era una más, ante ellas y ante los otros.

Frente a nosotras no dejaban de pasar un par de niños que, me contaron, no eran de Aguascalientes y tenían poco de haber llegado, pero se habían convertido en los “nuevos líderes” de ese enorme grupo de vecinos. Todas las niñas creían que eran guapísimos y como niñas de 9 años máximo, pasaban buen rato del día discutiendo en quien podía estar con ellos, y cómo harían para ser sus novias. Ese fue el primer día que los vi, me ponía muy nerviosa que pasaran frente a nosotras una y otra vez. Sentía como mi cara se ponía roja cada que lo hacían. A mí en ese momento me parecieron los seres más bellos que mis ojos habían visto y me emocionaba pensar que justo ese día, ese día donde yo me veía particularmente bonita, ellos estaban ahí.

Por fin, después de un rato, nos juntamos niños y niñas. Las “dos estrellas” del lugar estaban fuera de su casa jugando en una especie de cochera, que estaba cubierta con un alambrado metálico. Yo no hablaba, solo los veía ahí, esperando que me notaran, que notaran el brillo que, yo aseguraba, me envolvía ese día.

Todos estábamos recargados en el alambrado, como un público ansioso ante la presentación de su artista favorito. Ellos nos dirigían miradas indiferentes, y contestaban algunas de las cosas que les preguntaban y decían, pero no ponían especial atención en ninguno de nosotros. Yo solo los escuchaba y en mi mente infantil me había hecho mil escenarios en la cabeza, donde voltearían y me verían exclusivamente a mí, sin poder despegarme sus ojos el resto de la tarde, tratando de conocerme, de estar conmigo y de llamar mi atención.

De pronto, todos nos fuimos hacía enfrente, cayendo suavemente, con nuestras manos en el suelo. El alambrado que separaba la cochera de la calle, en el que nos deteníamos, se había caído. Los dos niños, visiblemente molestos, se levantaron y con una mirada de odio y repugnancia, dirigiéndose hacia mí, únicamente, me dijeron: “Tú lo tiraste, ballena asquerosa”.

Fue como si me hubieran dado un fuerte golpe en el estómago, sentí mi cara tornándose roja y mi respiración pesada, escuchaba las risas de todos los que estaban a mi alrededor, los sentía mirándome, señalándome… nadie me defendió, mi medio hermano solo me miró y todos comenzaron a reír, una vez más estaba sola, aún con tantas personas a mi alrededor. Yo quería correr, esconderme en un lugar donde nadie pudiera verme y perderme ahí.

Quise decir algo pero mi lengua estaba trabada y solo me limité a sonreír, con un aire indiferente, aunque el nudo en mi garganta cada vez se hacía más grande.

En ese momento, no pude ver nada más, que mi cuerpo que de pronto parecía tan grotesco, tan insoportable, tan gordo. Pero ya no ese gordo que me parecía una característica más de mí, como una forma más de existir junto a otros tantos, diferentes en tamaño y forma. Ahora era un gordo feo, desagradable, asqueroso, así, como lo habían llamado unos segundos, minutos, horas antes.

Y es que habían ignorado todo: pasaron de largo mi cabello que me caía con tanta gracia sobre la frente, mi cara con ojos grandes y pecas, que me parecía dulce y bonita, y mi overol, ese overol tan bonito, tan especial… Todo se había reducido a esa masa que me sobraba en el vientre, en la cadera, en el estómago. Esa masa que de pronto pareció envolver todo lo que yo era. Se reían, se reían de eso, se reían de mí.

Sentí que las lágrimas se estaban acercando, pero las contuve y fingí que nada había pasado. Después de las risas, nadie comentó nada al respecto, y los juegos siguieron naturalmente, al final de cuentas, ¿Qué tan grave podía haber sido? Para mí era importante comportarme a la altura de ese nuevo grupo, que me parecía tan divertido, tan carismático, tan emocionante; pero más que todo aquello, representaban una oportunidad de demostrarle a mi padre y a mí misma, que era capaz de hacer amigos, capaz de hablar, de ser divertida, de ser aceptada, capaz de madurar y de crecer, de ser valiente y de adaptarme. Así que, aunque quería correr de ahí, hacia un lugar donde mágicamente, dejara de ser yo, solo me mantuve de pie. Aunque mi cabeza ya estaba lejos, muy lejos… repasando una y otra vez esa mirada tan llena de asco que me vio tan fijamente, esas risas tan honestas al verme ridiculizada y expuesta, esa pequeña sensación en el pecho, al darme cuenta de que esos niños, que me gustaban tanto como podían gustarle a una niña de 6 años, no me habían dirigido más que vistazos y palabras indiferentes y despreciativas toda la tarde…. Para mí estaba muy claro, por primera vez: era por gorda, todo eso me estaba pasando por gorda.

Cuando por fin fue hora de regresar a casa, me sentía aturdida y apenada, fue la primera vez en que estuve avergonzada conmigo por mi sobrepeso. Tenía miedo de hablarlo con mi madre –con mi padre no existía la confianza, ni el deseo de hablar- pues sabía que me prohibiría salir con estos nuevos y únicos amigos, pero principalmente porque no quería mostrarme débil, quería estar a la altura de lo que yo creía, se esperaba de mí.

Así que solo me miré al espejo una vez más. Mi fleco, que antes me había parecido tan preciso y favorecedor, de pronto me parecía ridículamente innecesario. Hacía que mi cara se viera enorme y que mis cachetes resaltaran, las pecas que creía que eran bonitas y tiernas, se habían vuelto un foco de atención hacía esos horribles y rosados cachetes, tan enormes, tan boludos y gordos, tan, tan gordos; mis ojos de pronto parecían más pequeños y ahora no veía más allá de toda la grasa que se acumulaba alrededor de mi rostro, que feo, que desagradable me pareció ese reflejo.

Más abajo, solo veía una enorme bola de carne, en lo que antes habían sido mis piernas, mi estómago, mi cadera, mi cintura. Una bola de carne sin forma, desparramada y desagradable metida en un overol. ¿En qué estaba pensando cuando creí que era buena idea ponerme ese overol? Ahora lo veía, veía como mi vientre se presionaba contra la tela, tensándola, veía como mis piernas parecían no tener espacio dentro y como mis caderas se hacían más y más anchas, a cada segundo que las veía en ese espejo. Tenían razón, la tenían: yo era una ballena, una ballena que además daba asco, porque en ese momento, era lo único que podía ver y que podía sentir.

Me quité el overol y mientras lo hacía comencé a escuchar de nuevo las risas, las palabras hirientes de ese día. Me vi reflejándome en ese espejo; regresó la sensación de un corazón roto y de un montón de ilusiones que sólo fueron eso. Empecé a llorar en silencio, ahora soy consciente de que una nueva Paola nació ese día, y que aquella en la que había vivido 6 años, se fue. Me convertí en lo que las palabras me nombraron, me llené de asco, de repudio y de inconformidad hacia mí cuerpo. Nunca volví a usar ese overol y durante mucho tiempo no pude verme al espejo sin sentir un pinchazo doloroso en mi cabeza, en mi estómago, en mi corazón, que repetía: Esta cosa, tan desagradable, eres tú.

                                            La difícil infancia con sobrepeso.

A medida que crecía, pero aún en edad de primaria, los insultos por mi peso aumentaron, hasta volverse insoportables. En la escuela, con mis vecinos cada que salía a jugar –poco después de mi anécdota comencé a salir con los vecinos de donde vivía con mis padres y abuela, además de aquellos mencionados anteriormente- con mis familiares. Día a día me enfrentaba a muchos estigmas, condicionamientos y rechazos, que en vez de hacerme más fuerte y firme, parecía que me quitaban un pedazo de mí. Ya no me reconocía en el espejo, y más que eso, ya no podía, no toleraba verme en él.

A partir de entonces, comencé una constante batalla conmigo misma, pues mi prioridad y mi mayor deseo, sería el bajar de peso. Mis padres se sumaron a la lucha, sin preguntarme o conocer mis sentimientos respecto a mi cuerpo. La solución de mi papá fue meterme al equipo de futbol varonil en que estaba mi medio hermano. Al ser la única niña, además de poco hábil, torpe y seria, fui el blanco perfecto para esos niños de 9 a 12 años, y si bien no eran comunes los insultos hacia mi cuerpo, si lo eran hacia mi forma de jugar, hacia mi carácter y hacia mi torpeza. El entrenador y mi medio hermano presenciaban todo, nunca se dijo nada, yo solo recibía las críticas en silencio, pues sentía que tenían razón. Antes de cada entrenamiento, lloraba y le suplicaba a mi padre que no me llevara, pero solo me decía que exageraba, que era una floja y que no era para tanto. Comencé a odiar el deporte, a ponerme increíblemente nerviosa y ansiosa antes de cada entrenamiento, a rogar que despertara siendo menos gorda, para poder escapar de ahí. Estar en esa escuela de fútbol, me marcó de muchas formas, que no pude entender hasta años después, al trabajarlo mediante autoreflexividad y terapia psicológica.

Después del futbol siguió el basquetbol, la natación y los innumerables cursos de verano. Algunos me gustaron más que otros –la natación representó un escape, pues era un deporte solitario, en el que además me sentía hábil, desgraciadamente mi padre no lo consideraba útil para la pérdida de peso- pero para ese entonces mi ansiedad social era muy grande. Me sentía observada, incapaz, inútil, ridícula. Creía que hacer deporte no era tan malo, pues al practicarlo, aprendí a aceptarlo y hasta tomarle un cariño particular; lo que para mí era malo era ser observada, ser una gorda haciendo deporte: tan torpe, cansada y lenta. Odiaba sentirme tan tonta, tan diferente, odiaba sentir mis músculos tensos, mi corazón agitado y mis ganas de llorar camino a los entrenamientos, por el simple hecho de presentarme en ellos. Dejar de ir o elegir un deporte acorde a mis gustos, nunca se me presentó como una opción.

Mis padres aún creen que desaproveché esa oportunidad que me ofrecieron, para aprender a transformar el ejercicio en un hábito, ya que siempre estaba de malas y quejándome de dichos lugares. La realidad que no he podido manifestarles es que esos sentimientos eran una máscara, que disfrazaba el terror y la impotencia que me generaba el verme tan estancada y tan vulnerable. Me dolía no ser lo que ellos esperaban, no poder olvidarme de mis inseguridades, de mi sobrepeso, de mi timidez. En cada partido trataba de correr más fuerte, de demostrar todo lo aprendido, de agotarme hasta sentir las calorías quemarse. Nada me dolía más que ver que esto no pasaba, y aunque yo estaba cansada de sentirme humillada y de asegurar que todos mis compañeros en deportes se sentían avergonzados de mí, no podía dejar el ejercicio. Deseaba con todo mí ser, pasar las tardes en clases de música, que era una de mis grandes pasiones. Quería aprender a tocar la batería y la guitarra, además que me gustaba mucho cantar, pero la prioridad era mi cuerpo, y más que mi cuerpo, mi gordura. Así fue siempre con mis padres.

De la mano al deporte, estaban los nutriólogos. Ser una niña con una presión tan grande como una dieta, donde además se me exigía el bajar de peso mensualmente, era agotador. Cumplirla era más complicado cada vez y sin embargo, con cada consulta mis esperanzas aumentaban y aumentaban. Quería creer, desde lo más profundo de mi corazón que todo iba a cambiar, que lo que me pasaba no era permanente.

Cada consulta, mi estómago se hacía un nudo, mi corazón latía con fuerza y mis manos sudaban mucho al igual que mi frente, era un sudor frío que surgía de mis pensamientos frente a la báscula, que suplicaban que el número fuera más bajo que la vez anterior, que por favor no me fallara a mí, no le fallara a mis padres, no le fallara a los gritos de súplica que me consumían y me pedían cambiar, avanzar, transformar mi cuerpo.

Yo iba a cambiar, iba a ser delgada, bonita, ágil; iba a tener muchos amigos, a dejar de ser tímida y seria, mi papá iba a estar orgulloso, ambos dejaríamos de sentir que era un fracaso, que era floja, que era inútil. La báscula que pesaba mis kilos en esos consultorios era mi boleto de salida, mi salida a una nueva vida. No más insultos, no más miedo, no más regaños. Pero nunca alcancé la meta, nunca pude ser una niña delgada.

Mi tiempo con los nutriólogos no fue tan largo como lo fue con el deporte, mis padres no me comunicaron su decisión de dejar de asistir, pero yo me sentía aliviada. Aliviada porque creía que era libre de nuevo, que ya no tenía que probarle nada a ningún doctor, que ya no tenía que alarmarme por comer un helado o un chocolate, que ya no tenía que dejar de hacer todo lo que, yo veía, los niños de mi edad hacían. Ya no iba a enfrentarme a la decepción y el dolor al salir de cada consulta, por no bajar lo que quería, por no respetar el ritmo de mi cuerpo. Ahora era la única que controlaba el mismo, un pensamiento que me resultaba tan aterrador como reconfortante.

Todo el dolor comenzaba a manifestarse en enojo, en decepción. Para mí esa urgencia de mi familia por verme delgada era insultante, triste…no solo tenía el rechazo de mis compañeros, conocidos y de mí misma, también tenía el de mis padres, y aún recuerdo las malas caras, los comentarios molestos, la impotencia que era visible cuando se daban cuenta de que no bajaba como debía. La forma constante en que me reclamaban el que “no me importara adelgazar”.

No tenían idea de que toda mi vida giraba alrededor de ello, de que culpaba a mi cuerpo por todas las noches y tardes en que lloraba regresando de la escuela, por todos los niños que me gustaban y jamás me dirigieron algo que no fueran burlas y sobrenombres, por todas las veces que me sentí asqueada al verme en ropas que dejaran al descubierto mis piernas, mi estómago, por toda la inseguridad, el miedo y la soledad que día a día me acompañaban. Me odiaba a mí misma por ser tan débil, por no poder cambiar todo lo que me rodeaba, pero por sobre todas las cosas, me odiaba por ser gorda.

Pero el peor año de mi infancia, y la forma de bullying más fuerte que he sufrido en mi vida, aún estaba por venir. Exactamente a los 11 años, cursando el quinto año de primaria.

Durante ese año en la escuela, prácticamente todos los días, me decían cosas como que “deberían matarme y quemarme por gorda”, que “ninguna persona jamás iba a querer estar cerca de mí”, que “daba asco y vergüenza”, que “si fueran yo, ya se habrían matado porque qué asco ser una cerda como yo”, la lista podría seguir y seguir, pero las frases escritas son las que más me creí, y las que me costó años olvidar.

Yo lloraba casi todos los días, sentía miedo de que toda mi vida fuera así, porque a esa edad era lo único que conocía. Eran insultos, adjetivos despectivos, humillantes, agresivos TODOS LOS DÍAS; de mis compañeros, de mi familia, de mis conocidos y hasta de los que no conocía. Yo estaba agotada, ansiosa, insegura. Cada día era un nuevo dolor de cabeza, un golpe más, un recordatorio de que no valía nada, de que nunca valdría nada.

Me convertí en una niña huraña, apagada. Recuerdo que cada tarde, al regresar de clases, me encerraba en mi cuarto, con mis audífonos a todo volumen, escuchando música. Mis padres trabajaban prácticamente todo el día, por lo que tenía ese espacio para mí. Un espacio para estar en paz conmigo, para llenar mi mente con sueños infantiles de que mi vida era distinta, de que Paola era otra y de que nada a mí alrededor estaba mal.

A veces escribía mientras escuchaba, me gustaba desahogarme de esa forma, otras tantas solo me quedaba sentada, con los ojos cerrados, dejando que esa música me envolviera y me llevara lejos, muy lejos. Hasta que mi padre tocaba la puerta para informarme que era hora de ir a la clase de deportes, entonces la magia se rompía y Paola era la misma de siempre, la que había dejado de hablar completamente con sus padres, la que había dejado de disfrutar las cosas que se supone, debe disfrutar una niña.

Hace poco, encontré la libreta en la que escribía a los 11 años, y me gustaría agregar uno de mis pensamientos a esa edad. El texto decía lo siguiente:

“Jueves 31 de marzo:

Hoy Aimee dio invitaciones para su fiesta y claro no me invitó. ¿Sabes? En 5 años de primaria no me han invitado a una sola fiesta, yo creo que ha habido unas 50, fácil, y todos absolutamente todos han sido invitados por lo menos a una. Ya estoy llorando otra vez, pero es que ¿por qué nadie me acepta como soy? Trato de fingir que no me importa, pero sí me importa y mucho.

Se siente horrible ver a alguien repartiendo cosas a todos, y tu ahí con tu falsa sonrisa esperando, también cuando salimos de vacaciones todas las niñas abrazándose, deseándose feliz navidad, etc, y yo solo parada con ganas de gritar “hola, yo también existo!”. También hay veces, como hoy en la mañana…!No puedo dejar de llorar!…bueno, que las niñas se reúnen para tomarse fotos, se hablan entre ellas y se juntan en pequeños grupos para hacerlo, y a mi claro nadie me dice habla, o cuando pasan al pizarrón se echan porras entre ellas y a mí nadie me dice nada ¿qué tengo en la cara o qué? ¿De verdad soy tan distinta?

Y eso no es todo, con los niños es mucho peor: no se cansan de insultarme por mi peso, a cada minuto. ¿Sabes? Lo único que me ayuda a soportar, es que sé que eso terminara, tarde o temprano, pero lo hará y sé que al llegar a casa, aquí estarán mis discos, mi cuarto, tú, mi música = mi único refugio. Cuando me insultan o me vuelvo “invisible” solo pienso que pronto estaré aquí, escuchando horas y horas a GC, a los Ramones o a Los Misfits, solo así olvido todo porque sonrío, imagino, sueño = SOY FELIZ. Por eso me gusta la música, porque me hace entrar en un sueño.

Aunque no por mucho tiempo, pues en el básquet es la misma historia: nadie me habla, nadie cree en mí, cuando hacemos equipos yo soy la última, “la que sobra”. Siempre excepto cuando va Fer, o sea casi nunca, ella si me escucha, platica y se ríe conmigo. Es lo más cerca que tengo a una amiga de verdad ¡Lástima que solo la vea una o dos veces al mes!, si estuviera en mi escuela o en todos los entrenamientos, todo sería distinto”.

Este tipo de escritos, en ese pequeño diario que tenía a los 11 años, es lo que llena prácticamente todas las páginas.

No quería salir, no quería hablar con nadie. Cada mañana antes de ir a la escuela sentía un escalofrío recorriéndome todo el cuerpo, sentía que era lanzada ante una manada de lobos contra la que no tenía fuerzas ni autoridad para pelear, pues los maestros presenciaban todo y jamás dijeron nada; y la verdad es que yo no sabía defenderme, porque aún creía que todo era mi culpa, ¿Qué autoridad “moral” tenía para decir algo? Si era gorda era porque me lo buscaba y probablemente porque lo merecía. Y además ¿Qué podía decir? Nada que los lastimara como ellos me lastimaban a mí, porque al final de cuentas ¿Qué era peor que ser gorda?, ¿Qué podía decirles que siquiera se acercara a lo horrible y grotesco de mi defecto? La gordura, para mí, venía de la mano con la violencia y el rechazo, así que estaba segura de que merecía todo lo que me estaba pasando.

Mi autoestima estaba destruida, mi percepción de mi misma era la de una niña gris, insignificante, desagradable. Había naturalizado a tal grado los abusos, que ya no me veía viviendo sin ellos. La esperanza que antes estaba viva, se apagaba: mientras fuera gorda, iba a ser infeliz, mientras fuera gorda iba a estar sola, mientras fuera gorda era mejor desear estar muerta, y muchas veces lo desee.

Considerando mi poca madurez y mi historia de vida, no podía ver la dimensión de las cosas, ese odio y esas agresiones se presentaban tan normalizadas, que jamás me detuve a pensar, como un niño de 11 años le podía decir a una niña de la misma edad que “esperaba que la mataran” (por el motivo que fuese, pero en este caso únicamente por existir y habitar en un cuerpo). La verdad, recordar esas palabras ahora me provoca miedo, miedo por mis hermanas que tienen 15 y 10 años y que tampoco son delgadas, miedo por toda esa gente que, al igual que yo, dejara de hacer, decir y ser lo que quieran por tener un cuerpo determinado, miedo por todos los que se sientan abandonados al ver que no cuentan con el apoyo de sus “amigos”, de sus maestros, de sus padres.

La adolescencia y lo que trajo consigo.

Cuando iba a cursar sexto de primaria, mi padre decidió cambiarme de escuela, a una más cerca de casa. Sin darse cuenta me estaba llevando al primer lugar donde conocí la amistad, donde pude revalorarme y donde nada volvió a ser igual a como lo había sido antes. La triste soledad de la niñez se iba con la misma, yo estaba creciendo.

 

 

Cultura, homofobia como regulación y resistencia en Aguascalientes.

quefue111_focus_0_0_628_524En las rancherías, los pueblos, las ciudades pequeñas o medianas o incluso de más de un millón de habitantes, un sector considerable de gays y lesbianas no está al tanto de los cambios en materia de política sexual, o lo está de modo vago o temeroso. No asumen la crítica a la homofobia porque no se atreven o no quieren distanciarse de las nociones condenatorias. Se acomodan con los prejuicios y en sus relaciones sexuales los tranquiliza la clandestinidad o la no verbalización de sus actos, la reflexión de lo vivido es mínima y en las regiones donde hay guetos, la minoría a la que no se le nota debe atenerse al gran requisito de la supervivencia: la discreción, que es ocultamiento ante los demás y en buena medida ante sí mismos”.

CARLOS MONSIVÁIS.

 

La ciudad de Aguascalientes es considerada como parte de uno de los estados de la republica más conservadores en cuanto a la religión católica, para algunos la salud mental del gay en provincia es a partir del exilio, dado que quedarse en el estado implica el “closet permanente”, la negación de derechos y sobre todo atenerse “al qué dirán” dejando de un lado las burlas, el trato reservado e incluso la discriminación.

La homosexualidad en Aguascalientes se hace visible también a partir de la homofobia; fueron los medios de comunicación los que le dieron visibilidad a este sector de la población[1] y cómo se vivía el ambiente de discriminación en el Estado. Alguien de repente descubrió un letrero en un parque acuático que decía “prohibida la entrada a perros y homosexuales[2]” aunque algunos ciudadanos mencionan que ese letrero tenía años, pero a pesar de que existiera, era bien sabido que el vapor de ese parque acuático, era un lugar de encuentro y ligue para las personas homosexuales, nuevamente encontramos una doble moral en la sociedad. En ese momento un grupo de homosexuales en su mayoría jóvenes realizaron un plantón en el palacio municipal para hacerse visibles y hacer valer sus derechos.

¿Qué hizo que de repente aparecieran homosexuales dispuestos a defender sus derechos, cuando muchos años atrás se habían mantenido en el “closet” y sobre todo habían permitido discriminación no solo social, sino también por parte de policías?

Podemos responder a esta pregunta diciendo que la homofobia en Aguascalientes es evidente y se práctica mediante la desacreditación de la identidad; se insulta, se corrompe, se violenta, se discrimina y se excluye de la vida social. El doble discurso, que muchos hidrocálidos indican que es una doble moral es un discurso de la tradición frente a la modernidad, empleando significados contradictorios.

Aunque existan reacciones virulentas hacia la población LGBT, la homofobia cotidiana reviste más bien la forma de una violencia de tipo simbólico que frecuentemente no perciben sus víctimas (Bourdieu 1998). Partiendo de la postura de Bourdieu tomaré dos noticias de crímenes de odio por homofobia que aparecieron en la nota roja local para ejemplificar la violencia simbólica y la homofobia que se maneja en dichos sucesos, sin embargo, ignoraré la constancia en la que palabras como maricón, pervertido, son utilizadas frecuentemente para referirse a la víctima, ya que los discursos homofóbicos en torno a la sexualidad alternativa a la heterosexual funcionan como “piezas de estrategias más generales y sistemáticas de deslegitimación” (Halperin, 2000, Pp.55).

La homofobia para Cornejo (2010) representa un fundamento oculto, es el rechazo de la diferencia y es la expresión más contundente de la satanización de las sexualidades alternativas a la norma heterosexual.

En Aguascalientes existe y es muy frecuente el deseo de que las cosas sean como “antes” o como “deben ser”, y la represión de la diferencia asocia la homosexualidad con perversión, o con valores en contra de la vida.

Los dos crímenes de odio por homofobia que analicé, fueron llevados a cabo en el año 2008. El primer caso muestra cómo el crimen es cometido por un sujeto que expone su exteriorización de odio al asesinar por 48 puñaladas a un “obrero homosexual[3]”.

El segundo caso se trata del asesinato de un sujeto que al igual que el primero fue privado de la vida por 47 puñaladas, sin embargo, en esta ocasión si mencionan que hubo una “orgia de sangre y alcohol” apareciendo en la fotografía el cuerpo de la víctima totalmente desnudo. La policía sospecha que fueron varias las víctimas, ya que el sujeto muy seguido organizaba “convivios” que incluso en la noche anterior a su crimen se escuchó alrededor de las 2:00 am ruidos que provenían de su hogar, los vecinos dijeron que eran sonidos molestos porque eran de una película porno gay a todo volumen.

Este tipo de comportamiento desbordará el pánico entre los que rigen las normas sociales y como Sedwick (1998) señala, es visible el desbordante pánico frente al propio sujeto homosexual y se convierte en la fuerza que lleva al homicidio sistemático de hombres gay y personas Transgénero.

Las dos notas que se muestran parecen tener una simpatía o complicidad con el criminal. Dejando ver una serie de justificaciones por el cual se llevó a cabo el crimen. Las noticias proponen una identificación masculina al referirse con un “nosotros” al criminal y con un “otros” a la víctima que siempre calificaron como homosexual, pareciendo que el lector podría haber hecho lo mismo.

En la segunda nota lo disfrazan de crimen “pasional” que al igual que el anterior se encontraron bebidas embriagantes y también se mencionó que la víctima disfrutaba realizar “convivios”, sin embargo, vale la pena señalar que en este asesinato los vecinos escucharon los gritos de la víctima al ser apuñalado e incluso mencionaron ver salir al asesino en el coche rojo de la víctima.

Lo que nos muestra una sociedad que no hizo y no lloró las vidas de quienes considera menos humanos, menos importantes que el sujeto “normal”, quien es, en verdad, aquél que logro salvarse de las tentaciones homoeróticas.

En ambas noticias, podemos destacar que la homosexualidad es postulada como la explicación del parricidio. Es decir, dada a su naturaleza perversa, anti-natural, molesta, el conflicto de intereses se convierte en letal. Por ese motivo, no es raro que exista alcohol, convivios, e incluso lleven adolescentes, “solo a los homosexuales se les pude ver comportamientos tan aberrantes”.

En los dos casos, la homosexualidad se convierte en un vínculo natural con la muerte. El homosexual es asesinado, su condición resulta una atenuante para el perpetrador. Después de todo, los homosexuales no deberían de existir.

La categoría de performatividad postula que el nombramiento de una realidad no es un hecho objetivo e inocente. La nominación implica una interpretación, un proyectar algo sobre la realidad que pretende tan sólo describirse (Butler, 2001). Partiendo de la idea de Butler, la homosexualidad se convierte en un mundo donde cualquier sujeto se debe de cuidar, “es un ambiente muy feo”. Así desde los periódicos se pretende hacer un gran servicio a la comunidad: mostrar el verdadero mundo de la gente homosexual, el cuál es insano, perverso, y que los homosexuales se esfuerzan en esconder. Los medios tratan de sacar de la oscuridad su estilo de vida, sus perversiones, dejando al aire, el postulado ¿Usted qué hubiera hecho?

Como observamos, los medios de comunicación, también funcionan como mecanismo de poder, mostrándonos lo que puede llegar a pasar con todo aquel que se atreve a salir de la norma y el castigo que recibirá.

Los crímenes de odio existen en Aguascalientes, pero no podemos dejar de mencionar las golpizas, los insultos que son causa del odio, que se entremezclan frente a marchas, congresos, cursos, antros y bares. Aguascalientes se articula a partir de lo que Mauricio List denomina como el Axioma donde indica que no hay closet de todo el tiempo ni salida de todo el tiempo.

El ambiente dualista que se vive en el Estado es cotidiano, por un lado es uno de los estados más conservadores pero tiene la Feria Nacional de San Marcos que se concibe como la cantina más grande del mundo, donde se hace visible una serie de desenfrenos y es visible la variedad o diversidad de sexualidad que existen en la ciudad, y son estas las que pretender hacerse visibles durante la duración de la feria, y por no dejar de mencionar que de la presencia visible de antros y bares dirigidos a un público abiertamente homosexual en el centro de la ciudad. Sin olvidar los artículos sensacionalistas de los medios de comunicación, por lo tanto, para De la Cruz (2012. Pp. 62) la visibilidad gay en Aguascalientes ha sido de una manera más lenta y difícil que el D.F. y esto es en parte, por la supremacía católica. La manifestación de una identidad no heterosexual o como se conoce comúnmente como salida del closet es apenas el inicio de una serie de pasos que tienen que enfrentar los gais en su vida cotidiana.

En el proceso histórico-social de Aguascalientes puede entenderse como una superposición de planos entre lo moderno y lo tradicional. En lo público y lo privado predomina lo tradicional. Los jóvenes son los que están rompiendo con este dique y se hallan en un estadio hacia lo moderno. Son múltiples los indicadores que manifiestan esta apertura, nuevas formas de convivencia, y el cambio de roles sociales. La capacidad de coexistencia para la proyección de un Aguascalientes más incluyente pero a su vez dependerá del margen que guarden de los niveles de exclusión territorial, marginación económica, edad, tribu urbana, etc. (De la Cruz 2012. Bretherthon. 2009).

A pesar de las últimas reflexiones, lo cierto es que aquel acontecimiento en el parque acuático, propició un cambio social y fomentó a múltiples debates. La comunidad gay se está construyendo. Muchos homosexuales están dejando de ser el “joto, puto, puñal o el maricón” para convertirse en el ciudadano con preferencias sexuales distintas, desde diferentes frentes algunos desde el activismo, otros desde la mercadotecnia y otros desde lo académico. Esto se hace de forma individual, sin embargo, cada vez son más los grupos organizados que denuncian la homofobia en distintas instituciones sociales del estado como es la familia, la iglesia, y por supuesto la policía.

[1] Vale la pena mencionar que no existía una agrupación como tal en Aguascalientes, existían grupos de apoyo y de respuesta al VIH.

[2] El escandalo llego a voz del mismo funcionario Jorge Álvarez Medina dijo estar en contra de los homosexuales y que mientras él se encontrara a cargo de los reglamentos municipales también les seguiría negando el acceso a los homosexuales.

[3] Cita textual de como presentaron a la victima

Examen sin resultados

Todas y todos los interesados en la seguridad pública o simplemente en la policía, sabemos del llamado examen de control y confianza que tiene como objetivo  la identificación de personal  confiable, calificado, competente, cuyos valores y principios sean acordes a los requerimientos institucionales; sin embargo, resulta que no es muy confiable. Algunos especialistas mencionan que el examen carece en muchos casos de objetividad y  en otros puede ser usado políticamente o como forma de venganza para perjudicar a ciertos elementos.

Control y confianza comenzó hace alrededor de 20 años como un ejercicio con objetivos buenos para los equipos de elementos policiales, con la finalidad de depurar personal que se encontrará involucrado en grupos delictivos o simplemente no era una persona confiable para asegurar el bienestar de la población.

El objetivo hasta aquí parecía bueno, sin embargo, hasta hoy ningún instrumento ha podido garantizar que las y los policías por muy capacitadas y reglamentadas que se encuentren son vulnerables de ser captadas por los grupos delictivos.

Desde la “guerra contra el narco” se ha visibilizado que muchos policías a pesar de haber aprobado los exámenes se encontraban involucrados con grupos delictivos, para no ir tan lejos, también podemos mencionar que la mayoría, sino es que todos los elementos involucrados en los 43 desaparecidos también habían aprobado dicha prueba.

Efectivamente, por otro lado, también existen elementos que al querer hacer un trabajo correcto o al oponerse a ciertas órdenes son suspendidos de su labor al concluir con dicho examen, y al querer ejercer sus derechos el artículo 123 constitucional menciona lo siguiente:

“LOS AGENTES DEL MINISTERIO PUBLICO, LOS PERITOS Y LOS MIEMBROS DE LAS INSTITUCIONES POLICIALES DE LA FEDERACION, LAS ENTIDADES FEDERATIVAS Y LOS MUNICIPIOS, PODRAN SER SEPARADOS DE SUS CARGOS SI NO CUMPLEN CON LOS REQUISITOS QUE LAS LEYES VIGENTES EN EL MOMENTO DEL ACTO SEÑALEN PARA PERMANECER EN DICHAS INSTITUCIONES, O REMOVIDOS POR INCURRIR EN RESPONSABILIDAD EN EL DESEMPEÑO DE SUS FUNCIONES. SI LA AUTORIDAD JURISDICCIONAL RESOLVIERE QUE LA SEPARACION, REMOCION, BAJA, CESE O CUALQUIER OTRA FORMA DE TERMINACION DEL SERVICIO FUE INJUSTIFICADA, EL ESTADO SOLO ESTARA OBLIGADO A PAGAR LA INDEMNIZACION Y DEMAS PRESTACIONES A QUE TENGA DERECHO, SIN QUE EN NINGUN CASO PROCEDA SU REINCORPORACION AL SERVICIO, CUALQUIERA QUE SEA EL RESULTADO DEL JUICIO O MEDIO DE DEFENSA QUE SE HUBIERE PROMOVIDO.
(REFORMADO MEDIANTE DECRETO PUBLICADO EN EL DIARIO OFICIAL DE LA FEDERACION EL 29 DE ENERO DE 2016)”

Es decir, el estado está obligado a indemnizar a un policía si este es despedido injustificadamente pero por ningún motivo puede reincorporarse al servicio. Usted lector, visualice la problemática tan grande que se puede enfrentar un policía que fue despedido injustificadamente solamente por no obedecer un mandato que pueda perjudicar los derechos humanos de la población.

Tras casi dos décadas se ha aplicado esta prueba y hasta hoy en día no existe un modelo  policial que transmita confianza, es decir, por más pruebas que se hayan hecho no funcionan. La gente no confía en la policía.

Así mismo, las/os policías en algunas ocasiones demandan que al quedarse sin trabajo, quien los va a contratar, y me queda claro que es evidente que cuando son corridos se les va a dificultar encontrar un lugar donde se les dé una oportunidad laboral, pero como podemos construir la confianza hacia este sector de la población después de observar la necropolítica que se vive en el país.

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Teología Feminista Holística.

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Esta corriente teológica se articula a partir de un principio general, donde todo lo que existe está en interdependencia, es decir, en relación la persona humana dentro de un organismo vivo llamado o conocido como “cosmos”.

Es a partir de aqui que podemos comprender el énfasis que esta teología pone en la experiencia de Dios, traducida desde una actuación humana responsable que apoya la igualdad en la diferencia, la autonomía, el equilibrio universal, la integridad ecológica, el bienestar personal y social y la plenitud de lo creado.

La creación es parte fundamental dentro de esta de está rama teológica ya que  es desde la obedencia a la voluntad consciente de las mujeres la forma en  que se fortalece la autonomía de forma práctica e intelectual respecto a los marcos patriarcales, oponiendose al sistema dualista y fragmentador del sistema.

El objetivo es la transformación de la realidad, elaborandose con recursos propios socioculturales, ritos, lugares sagrados, idiomas, símbolos, intrumentos intelectuales y estructuras organizativas que dan lugar a la justicia.

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El objetivo que buscan muchas y muchos feministas es la reconstrucción profunda de conceptos antropológicos, símbolos y tradiciones religiosas, teorias cientificas y teologías cristianas, para abrir un abanico a nuevos sistemas de vida para cada organismo del comos.

Bibliografia:

Virginia Vargas. El aporte de la rebeldìa de mas mujeres, Ediciones Flora Tristán, Lima, Perú. 1986, p. 75.

Aquino Pilar. Nuestro Clamor por la vida. Teología Latinoamericana desde la perspectiva de la mujer. Ed. DEI. San José, Costa Rica, 1992. PP. 105-117.

DC COMICS Y LA REINVINDICACIÓN DE LA CULTURA PATRIARCAL

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Soy fanático de “el caballero de la noche”, me encantan sus aventuras mensuales, sus enemigos, la paradoja del mundo corrupto en el que vivimos, en conclusión todo lo relacionado con Batman.

Hace algunos días comenzó a realizarse un movimiento viral sobre la censura que generó la portada No. 41 del comic de Batgirl, donde se expone un tributo a la novela de Alan More “The Killing Joke” (Bromas que matan o La broma asesina, acá en México. 1988). La portada fue dibujada por Rafael Alburqueque, conocido dibujante de “American Vampire”.

La portada homenaje da continuidad al terrible desenlace de la novela de More donde Barbara Gordon (batgirl) queda afectada por el guasón física y mentalmente. La imagen que se observa donde visualizamos al némesis del caballero de la noche sosteniendo a batgirl con una cara de horror mientras el individuo dibuja una sonrisa característica del payaso.

Esta portada ha generado una serie de descontentos, por un lado el movimiento feminista ha solicitado que no se publique o en su caso se reedite ya que mencionan que dicha imagen alude a la cultura de la violencia física y sexual hacia las mujeres y por el otro las y los fanáticos de batman han demostrado que los argumentos de dichas activistas carecen de sustento, ya que consideran que es exagerado el dictamen o el juicio, -cabe mencionar, que DC comics accede a quitar del mercado dicha portada- esto fue el boom para desatar una serie de argumentos de los fanáticos (la mayoría son hombres), indicando que porque solo censuran esa portada cuando existen algunas “peores” donde se maltratan a los hombres, otros argumentan que las “feminazis” solo están exagerando y que la portada no refleja nada, al contrario solo es arte.

En lo personal admiro la ilustración de Alburqueque, sin embargo, no puedo quitarme mis gafas moradas y mencionar lo siguiente: los argumentos que utilizan los fanáticos de batman dejan mucho que desear por varios aspectos, el primero de ellos es que el guasón si utilizo la violencia de género en el comic, he leído varios comentarios en redes sociales que dicen que el payaso no sabe de género, pero ¿por qué no ha desnudado a ningún otro personaje para tomarle fotos? Tomar fotos de una persona y en este caso desnuda sin su permiso es abuso sexual.

La violencia contra las mujeres se genera dentro del contexto socio-cultural en el que persiste y se mantiene la subordinación de las mujeres y de lo que se considere femenino por el dominio de los hombres en todos los espacios. Ahora bien, esto produce un desequilibrio de derechos y oportunidades que afecta de manera directa a las mujeres y estas sean valoradas de manera androcéntrica (si no entiende mi lenguaje le recomiendo ponerse a leer).

Si se analiza la construcción cultural del género podemos observar cómo se articula la convivencia y las relaciones. Continuando con esta lógica cuando existe una desviación de las expectativas patriarcales en aquellas personas que están sometidas al control o supervisión de otras están obligadas a corregir su conducta, o en su defecto los hombres asumen su autoridad para corregir, recomendar y castigar a través de otros elementos.

Por tal motivo, son los hombres (y algunas mujeres) los que defienden dicha portada, donde realmente denotan que no les importa un carajo el símbolo de terror que refleja batichica, sino que quieren coleccionar un dibujo del guasón retomando el poder y el control al único miembro femenino de la batifamilia.

Continuo, se cree que las mujeres incitan a la violencia por su propia actitud por defender un ideal teórico y político, “ellas se lo buscan, trasgreden mis normas editoriales” y por supuesto “quieren ahora controlar hasta lo que salen en un comic”, etc.

Por tal motivo, y como forma de conclusión no creo que exista hasta ahorita en todos esos fanáticos algún fundamento de que hombres y mujeres viven las mimas causas y consecuencias de la violencia; la realidad nos enseña un mundo donde las oportunidades y derechos no se ejercen ni se gozan igual para todas y todos; pero en el caso de las mujeres, la brecha de desigualdad es aún mayor, para eso los invito a investigar sobre violencia de género en estadísticas.

Para terminar, quiero creer que el mundo del comic se ha abierto a tener personajes gay´s (como linterna verde) personajes transgénero y en algunos casos personajes con símbolos feministas, se ha abierto a la inclusión; pero por lo visto los fanáticos del comic siguen siendo la mentalidad retrograda, machista, homofóbica donde solo el hombre, heterosexual, musculoso, con súper poderes puede salvar al mundo.

FEMINISMO Y POSMODERNIDAD.

TOQUEER

Defender la posmodernidad se lee fácil pero se dice difícil. Soy feminista y lo digo con orgullo. Hablar de posmodernidad en la coyuntura actual es ir en contra de muchas posturas “criticas” o al menos eso dicen serlo. Mi historia académica podría traducirla en dos ejes los estudios feministas y marxistas, estas dos corrientes generaban en mi la siguiente pregunta ¿podrían estas dos teorías/ideologías contraer matrimonio? Porque cada vez que conocía a los –y digo los porque son hombres- marxistas veía esta unión muy lejana. No podía completar el feminismo que me consumía y me heredaba una visión violeta cada día.

A partir de mis últimos semestres en la universidad comprendí el mundo de la posmodernidad, leyendo a varias/os autores que hacía más seductora la unión entre esta teoría y el feminismo; sin embargo, el feminismo y la posmodernidad no son meramente categorías descriptivas, como muchos “críticos” lo hacen, poniendo como ejemplo hasta imágenes de cómo identificar a un posmoderno. Estas dos categorías son disquisiciones terminológicas y evolutivas que informan y ayudan a definir, comprender e interpretar el presente.

Si esto no convence, continuo. Defiendo la posmodernidad desde la visión de Jane Flax (teórica feminista) que menciona que la posición posmoderna se caracteriza como la adhesión a las tesis de la muerte del hombre, de la historia y de la metafísica.

Muchos –porque son hombres- dicen que los posmodernos queremos destruir, falso. La muerte del hombre se refiere a la “desmitificación del sujeto masculino de la razón”. Yo reclamo el género y las diversas prácticas que contribuyen a la constitución del sujeto.

La muerte de la historia, se refiere a la “generalización de la narración histórica”. Normalmente el sujeto de la tradición occidental ha sido varón, cabeza de la familia, blanco, heterosexual, propietario, cristiano, y es así como se narra la historia., su “historia”. Basta recordar a Hegel cuando menciona que “África no tiene historia”. Hasta muy reciente, se ha tratado de retomar la historia de las mujeres, la población LGBT, indígenas, etc., para comentar su propia historia, su propia narración, con distintas categorías y regularidades estructurales.

La muerte de la metafísica, el sujeto no es un ser suprahistórico y trascendente a su contexto, y sus creaciones y actividades, llevan en cada momento con los intereses del conocimiento dominante, que marcan y dirigen sus actividades; sin embargo, también son las relaciones de género y la construcción social, económica, política, y simbólica de las diferentes de género entre los seres humanos (Foucault, 1985).

Estas tres tesis, sé que pueden ser reinterpretadas, pero también pueden generar estrategias-, sin embargo, es en la posmodernidad donde veo una posibilidad de alcance, considerando que el feminismo está en una crisis que desde mi punto de vista está anclado en un concepto culturalista que sigue sin cuestionar la diferencia sexual y la heteronormatividad, no reconociendo todavía hoy, la existencia de otras y otros sujetos con voz propia.

La posmodernidad nos invita reflexionar y cuestionar, en palabras de Butler (1999) “el reto está en el ejercicio de cuestionar verdades fundacionales dadas por hecho, cuando el darlas por hecho es, ya en sí, opresivo.